Una entrevista con Karen Guilliland sobre la creación de la partería en Asia-Pacífico

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Una entrevista con Karen Guilliland sobre la creación de la partería en Asia-Pacífico

“Desde el momento en que me incorporé a la partería, me enamoré de ella. Nunca lo sentí como un trabajo”, Karen Guilliland

Karen Guilliland, la amable ex directora general del Colegio de Matronas de Nueva Zelanda y ex miembro de la Junta Regional de la ICM, habla de su papel en la creación de la profesión de partería en la región Asia-Pacífico. Reflexionando sobre su carrera, dice que es necesario el activismo si se quieren satisfacer las necesidades de las mujeres y las matronas. Para celebrar el centenario de la ICM y nuestros esfuerzos por documentar la historia de la ICM y de la partería, Faridah Luyiga, directora de Defensa y Promoción de la ICM, habló con Karen sobre su carrera profesional.

Me llamo Karen Guilliland. Soy matrona desde 1978. Empecé como enfermera, pero nunca me entusiasmó realmente esta profesión. Cuando dejé esta labor para tener a mis hijos, perdí la confianza en volver a ser enfermera. Tenía una amiga matrona que vivía en Fiyi y me sugirió que me dedicara a la partería y pensé, bueno, he tenido tres bebés, estoy segura de que sé algo al respecto. Así que me sentí segura de poder dedicarme a esta. Desde el momento en que me incorporé a la partería, me enamoré de ella. Nunca lo sentí como un trabajo.

Al principio, ejercí la partería en un hospital universitario durante seis años. Luego me dediqué a la enseñanza de la partería, la salud de la mujer y la salud sexual. Durante todo este tiempo tuve un pequeño número de casos de mujeres atendiendo partos en casa y en centros de maternidad y que tomaban clases de planificación familiar y crianza. En 1989, junto con un grupo de otras mujeres y matronas, fundamos el Colegio de Matronas de Nueva Zelanda y me convertí en su primera directora nacional. Ellas tenían las ideas y yo tenía que hacerlas funcionar. [Risas]

Desde 1971 las matronas neozelandesas primero eran enfermeras y luego matronas. Sin embargo, en muchos países de la región de Asia-Pacífico, como Indonesia, Filipinas y Hong Kong, iban directamente a la partería. Fue un nuevo descubrimiento para nosotros y fortaleció nuestra determinación para convertirnos en una profesión autónoma, independiente de la enfermería. Así que creo que servimos de influencia los unos para los otros en nuestra forma de pensar sobre cómo debería ser la partería.

¿Cuáles son algunos de los momentos de los que se siente más orgullosa como matrona?

Lograr la autonomía de las matronas en 1990 fue muy especial. Luego, en 1993, conseguimos la igualdad salarial con los médicos generales. Estas dos cosas cambiaron la vida, no solo de las matronas, sino también de las mujeres. Esto se debe a que una mujer podía tener su propia matrona y podía tener continuidad en la atención. Permitir a las matronas que ejercieran autónomamente en la comunidad y a las mujeres elegir a sus propias matronas supuso una gran diferencia en los resultados. A las madres y a las matronas les encantó. Hoy en día, 94% de las mujeres de Nueva Zelanda siguen eligiendo a su propia matrona y la tienen durante todo el embarazo y hasta seis semanas luego del parto. Sin embargo, la igualdad salarial con los médicos se ha visto seriamente mermada, ya que estos han dejado de prestar servicios de maternidad. No nos ha ido tan bien a la hora de mantener la igualdad salarial: nadie quiere darle a las matronas equidad salarial porque la mayoría son mujeres y el trabajo de la mujer está subvalorado, pero estamos trabajando en ello.

¿Qué la motiva?

Probablemente soy, ante todo, una matrona política. Me encantaba ser matrona, pero en realidad, la llamada a abogar, la llamada a hablar por otros que no podían, se convirtió en la fuerza vital para mí. Después de haber sido madre adolescente (era muy joven cuando tuve mi primer bebé y creo que eso enseña mucho sobre cómo la gente trata a las mujeres que son vulnerables) estaba decidida a que ninguna de mis hijas fuera tratada como lo fui yo cuando tenía 16 años.

Vi la partería como un mecanismo para empoderar a las mujeres para que puedan convertirse en buenas madres y ese ha sido mi motor. Me sentí muy triste cuando dejé de ejercer. Sin embargo, sentí que la formación y la actividad política eran realmente necesarias porque, si no hay nadie que lidere el movimiento, este se estanca y no va para ningún lado.

¿Había muchas madres adolescentes en ese entonces?

Los embarazos adolescentes en Nueva Zelanda eran bastantes en ese entonces. Quiero decir que esto fue en 1966-67, hace mucho tiempo. Las tasas de adopción eran altas porque no había servicios de aborto. Los embarazos de adolescentes se han reducido enormemente a lo largo de los años, y me gusta pensar que parte de ello tiene que ver con que las matronas han difundido el conocimiento sobre la anticoncepción. De hecho, ahora damos a las mujeres la posibilidad de tener más bebés cuando son mayores.

¿Cuándo supo por primera vez sobre la ICM?

La primera conferencia de la ICM a la que asistí fue en Kobe (Japón) en 1990. Queríamos ir y ver de qué se trataba. Fue increíble y cambió por completo mi forma de ver las cosas. Lo que realmente me sorprendió fue su jerarquía. No estaba especialmente centrada en la mujer. En Nueva Zelanda nos dedicamos a trabajar con grupos de consumidores y tuvimos mujeres que nos ayudaron a cambiar las leyes.

Nueva Zelanda defendió la asociación entre la partería y las mujeres. En 1993, en la ICM, conseguimos que la partería se definiera como una asociación con las mujeres, gracias al apoyo de las mujeres y las matronas de la región de Asia-Pacífico.  América y Europa salieron y se preguntaron: “¿de qué se trata esto?”. Estaban abiertos a la idea, aunque nadie se lo había planteado antes. Me encantó la forma en que las Asociaciones Miembro de la ICM lo hicieron posible y vi un enorme potencial de cambio al utilizar la plataforma de la ICM para cambiar la práctica y la legislación en mi país y en muchos otros.

 

¿Por qué cree que la asociación entre mujeres y matronas es fundamental?

Esta asociación resonó en muchas culturas. Siempre se nos agrupaba con la enfermería porque había millones de enfermeras en comparación con las matronas y la filosofía de la enfermería seguía saliendo apareciendo en primer plano. Para ser diferentes, teníamos que destacar un punto de diferencia con respecto a la enfermería. La diferencia entre ambas está en la colaboración con las mujeres y la continuidad de la atención. La partería puede tener en cuenta el recorrido de la mujer durante la maternidad, desde el periodo antenatal hasta el parto y las seis semanas posteriores al mismo.

Para que la partería se defina como profesión, debe tener un punto de diferencia con respecto a la medicina y la enfermería. Esto iba acompañado de entender la autonomía corporal de las mujeres y el consentimiento. Cuando era enfermera, a las mujeres solo se les hacían cosas. El papel de matrona ayudó a que las mujeres participaran en el proceso porque no estaban enfermas. Eran perfectas y solo estaban embarazadas. Toda la idea de la partería era apoyar la autonomía corporal de las mujeres. Se trata de la lucha por la igualdad de roles y la voluntad de las mujeres. Tanto las matronas como las mujeres tienen que luchar por esa autonomía.

¿Cuáles eran algunos de los desafíos de la partería en la región de Asia-Pacífico en aquel entonces y cómo han evolucionado a lo largo de los años?

Los mayores retos para Asia-Pacífico eran las largas distancias y las diversas diferencias culturales entre los países. No éramos coherentes como las Américas o Europa; ¡nuestra región era realmente diferente! La comunicación era importante y lo conseguimos a través de asociaciones y redes. Iniciamos una reunión de Asia-Pacífico en las conferencias trienales y fuimos la primera región en hacerlo, lo cual ayudó a crear la confianza entre Asociaciones Miembro. En ese entonces, nos reuníamos cada 18 meses a nivel regional y, cada vez, una Asociación Miembro de Asia-Pacífico distinta era la anfitriona.

Otras regiones siguieron el ejemplo y asistíamos a las reuniones de las demás. Éramos muy diferentes, pero todos queríamos lo mismo. Todos teníamos la misma agenda: profesionalizar la partería para ayudar a las mujeres. Creo que el hecho de que todos queramos lo mismo está muy infravalorado. Muchos gobiernos en el mundo en desarrollo ahora identifican lo mismo y reconocen que las matronas pueden salvar y mejorar la vida de las mujeres y los recién nacidos.

¿Cuáles son sus esperanzas para las matronas de la región de Asia-Pacífico?

Sobrevivir a la pandemia de COVID-19. Es muy deprimente para mí, como adulto mayor, ver lo que el COVID ha hecho con el progreso de algunos de estos países. Hay muchos, entre ellos Nueva Zelanda, que solamente ignoraron la labor de las matronas, cerraron hospitales de maternidad y los convirtieron en hospitales COVID. Parece que la partería, las madres y los bebés han pasado a ser menos importantes.

Creo que mientras la región se tome en serio su papel de defensa y promoción, y formación, tiene todas las posibilidades de que esta revolución de la partería continúe. A medida que las mujeres adquieran más estatus, elegirán otras carreras, así que tenemos que hacer que la partería sea atractiva. El salario sigue siendo un problema en todas partes.

¿Qué cambios le gustaría ver para las matronas en el mundo?

Debemos tener cuidado de no menoscabar a las demás y trabajar juntas dondequiera que elijamos trabajar. No debemos seguir socavando la partería, como cuando las matronas del hospital dicen cosas horribles sobre las matronas de la comunidad y cuando a las matronas de la comunidad no gustan de las matronas del hospital. Tenemos que asegurarnos de que seguimos hablando el mismo idioma y que seguimos diciendo: “Estoy en un lugar diferente, pero mi filosofía es capacitar a esta mujer para que sea una buena madre”. Todos deberíamos estar hombro a hombro con los demás y ayudarnos mutuamente. Necesitamos obstetras y matronas. Mi deseo es que el personal aumente para garantizar una buena proporción de matronas por mujer, de modo que podamos reducir el estrés y acabar con los comportamientos de acoso, causados por ámbitos de trabajo deficientes.

¿Qué papel clave desempeñan las asociaciones en el fortalecimiento de la partería?

Las Asociaciones Miembro son la clave de la sostenibilidad de la partería. Son la voz de las matronas de esa región o de su país. La voz internacional [ICM] también es muy fuerte. Se puede llevar esa voz internacional a su gobierno local y decir: “esto es lo que dicen las matronas del mundo”. 

La ICM ha dado un gran paso adelante en los últimos 20 años para evaluar la profesionalidad y la regulación de las Asociaciones Miembro. Todo eso es muy importante.

Las asociaciones son esenciales para crear redes, ofrecer oportunidades de formación, defender la seguridad en el lugar de trabajo y mantener la profesionalidad. Tenemos que considerar a las Asociaciones Miembro como la voz de las matronas y las mujeres para mejorar. Estas abogan por entornos de partería que hacen que las asociaciones de partería funcionen y que las matronas amen lo que hacen. Los entornos de defensa y promoción de la partería también facilitan el trabajo de las matronas. Las matronas necesitan tanta defensa y promoción como las mujeres.

La partería es política, así que tenemos que aceptar y utilizar las plataformas políticas para aumentar la visibilidad y la sostenibilidad de la profesión. Nunca debemos dejar de exigir la igualdad para las mujeres y las matronas. Tenemos que trabajar entre nosotras como Asociaciones Miembro, crear redes y conocer a las delegadas/presidentas de las demás, compartir recursos y redactar mandatos juntas para que los miembros de la ICM pongan en marcha las acciones en las que su país necesita ayuda.

Ahora que celebramos 100 años de progreso, ¿qué espera de las Asociaciones Miembro y de la ICM?

Las Asociaciones Miembro deben participar, ser activas y expresarse. Fui miembro de la junta directiva durante 20 años y hay algunas asociaciones que no nos hablaron en absoluto.

La ICM siempre ha sido la red universal para el cambio, la formación y la defensa y promoción. Creo que, para mí, la ICM es probablemente nuestra mayor esperanza para mantener la profesionalidad de la partería a un nivel universal. Debemos proteger la partería para proteger a la humanidad, porque con la partería hemos conseguido proteger a los recién nacidos y salvar vidas. Mujeres fuertes y matronas fuertes son la base de toda nación.

Karen Guilliland trabaja con la ICM como miembro del Comité del Programa Científico Profesional (SPPC), el Colegio de Matronas de Nueva Zelanda en temas de equidad salarial y como miembro de la Junta de la Federación de Salud Primaria Aotearoa; una colección de todos los trabajadores de la salud primaria, incluidas las parteras que abogan por la atención comunitaria.

Pie de foto: Karen con su sobrina nieta, Arabella

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